
Al llegar a las ocho de la mañana, me cambié y fui a verla a su habitación. Entré en silencio por si dormía, pero estaba despierta... "¿Cómo estás, Esperanza? "... Se me puso a hacer pucheros ... " Me voy a morir, me voy a morir"... dijo y repitió varias veces, asustada cogiéndome las manos como si nunca las fuese a soltar... De eso hace una semana.
Anoche se marchó... Se apagó poco a poco, como una llama a la que le falta oxígeno. En silencio, en calma... Y como yo temía que sucedería ... en soledad.
Ya no duelen las heridas, Esperanza,
ni las del cuerpo ni las del alma.
Ya no hay miedo, ni desaliento,
solo calma.
Ya no sentirás tristeza, ni soledad,
siempre estarás acompañada.
Ya no se arrastrarán tus pies,
no sentirás tus piernas pesadas ...
Ya te asomaron las alas ...
Tu habitación queda vacía,
pero en ella siempre habrá aroma a lavanda ...
Pilar
